Existen dos creencias falsas, pero muy difundidas entre la élite política y social de la Ciudad de México. La primera es que todos los reporteros del estado son corruptos. La segunda es que los reporteros asesinados fueron escogidos porque trabajaban para el cártel y habían hecho enojar a los jefes de sus bandas o bien porque se habían pasado a un grupo rival. Existe algo de verdad en esta caricatura general. La investigación del Committee to Protect Journalists ( CPJ) revela que la corrupción ha salpicado a la prensa en ocasiones. Esto puede ocurrir porque los periodistas quieren dinero extra. Pero cuando un cártel de asesinos se apodera de una ciudad e imparte órdenes con amenazas de matar a una familia si no se le obedece, corrupción no es la descripción exacta en estos casos.
Este estereotipo de periodista corrupto ha logrado absolver a los líderes nacionales de su obligación de hacerse cargo de los ataques asesinos contra la libertad de expresión en todo el país. ¿Por qué proteger a los corruptos? ¿Por qué investigar el asesinato de un periodista si todo el mundo sabe que la víctima trabajaba para un cártel? De modo tal que aun cuando México dio pasos importantes como la adopción de una reforma constitucional que otorga a la federación el poder de atraer los crímenes contra la libertad de expresión, el país no producirá ningún avance concreto hasta que sus líderes comprendan que sus puntos de vista, cínicos, están equivocados.
Pueden ir a Zacatecas a enterarse de esto.
En la localidad de El Bordo, Zacatecas, una llamada anónima alertó a la policía sobre un cuerpo arrojado en un campo. La policía sólo informaría que la víctima era un campesino de unos 40 años que había sido golpeado y asesinado a tiros, y que su cadáver había estado allí unos cuantos días. Pero el periodista conocía el esquema: una persona humilde en una comunidad rural que no pagó el dinero por extorsión exigido por el cártel del crimen organizado dominante en la región, o que de algún modo se pasó a otro bando. Había mucha más información esperando en El Bordo, proveniente de familiares y vecinos. Pero el periodista no pensaba ir, aunque sólo demoraría cerca de una hora desde la capital del estado donde trabajaba. Nunca podría escribir una nota sobre el tema. En efecto, el sólo hecho de enterarse sobre lo sucedido ya había puesto en peligro su vida.
Más protección para los periodistas, la desinformación ayuda al control del narco
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Isaac Sánchez Rodriguez
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